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I

 

 

AXIS MUNDI

Fue en este catatónico y casi moribundo estado que dentro de mí surgió una revelación.
Comenzó como una leve sensación, un simple cuestionamiento traído en el viento.

El llamado, parecido a una melodía, llevaba consigo un sentimiento que me es difícil de explicar, pues era del mismo condumio que agobia a las mentes cuya existencia ha sido cuestionada, desde el interior de su ser; pero que poco a poco fue tornándose en un pensamiento obsesivo, mutando hasta que la sed de respuesta se transformó en una necesidad por sobrevivir. ¿ ¿Qué fuerza desconocida e inevitable me obliga a vagar en medio de esta pavorosa eternidad? ¿Que falso anhelo de retorno al hogar hace que persiga neciamente un Nunca Más?

Nunca más. Que estremecedor es el resultado de la combinación perfecta de estas dos simples palabras, que crea una paradójica ecuación, lanzando un terrible hechizo, dictando la peor de las sentencias, incomprensibles para la limitada y frágil existencial mortal

“En un desierto hay una torre
Dentro de la torre un tablero
Sobre el tablero un peón
Frente al peón un espejo
En el espejo un reflejo
Dentro del reflejo está mi cabeza
En mi cabeza, un desierto…”

Si solamente al contemplar la Belleza, la única forma de lo espiritual que es visible a los mortales, el hombre sensible suele sucumbir en ardientes temores, ¿cómo sería para este mismo mortal poder comprender por un instante lo Eterno?

Una visión de Sagrado Terror es vertida en el recipiente de su existencia, siendo lanzado al terrorífico vacío de la comprensión, convertido en mensajero de los dioses, profeta, loco.