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AGNUS DEI

“Father, father, where are you going?
O do not walk so fast.
Speak, father, speak to your little boy,
Or else I shall be lost.”
The night was dark, no father was there,
The child was wet with dew;
The mire was deep, and the child did weep,
And away the vapour flew.

The Little Boy Lost
WILLIAM BLAKE

Érase una vez, a la mitad del camino de nuestra vida, que me hallé caminando bajo el Valle de la Sombra de la Muerte.

Entre todas las formas de existencia, las sombras son los entes más miserables, pues carecen de alma y dentro de ellas solo habita el llanto débil y temeroso que se quiebra bajo el yugo de inescrutables demonios.

Sin embargo no se debe olvidar que hasta el más repulsivo de los engendros proviene de un génesis inocente, la unión amorosa entre sus creadores, pues la vida misma es un milagro de Amor, y tampoco hay que olvidar que son quienes ganan la batalla los que escriben la historia, por eso esta nunca favorecerá al vencido, quien debe vagar en el exilio renunciando a su verdad. Pero todo monstruo tuvo una madre. A todo Caín lo parió una Eva, e incluso el mismo Lucifer también tiene una historia que contar.

En este lugar no existe ni día ni noche, y solo me es familiar el concepto de silencio, interrumpido fugazmente por el sonido de una agónica brisa, un murmullo, un lamento tangible, cuyo origen si bien desconozco, sospecho que proviene de las negras montañas… He caminado ya tanto tiempo tratando de alcanzar aquellas lejanías que no poseo memoria de cuando estuve aquí, ¿acaso quizá desde siempre. He permanecido aquí demasiado tiempo ya. He olvidado mi historia y mis orígenes. Por ahora, solo soy un ente deambulando en este desierto sin fin. Una sombra rodeada de la agobiante lejanía de negras montañas delineadas por una cresta de blancura espectral que se pierde en un horizonte infinito. Un fantasma que deambula en desolación cobijado por un cielo de opresivas y turbias nubes que se extienden hasta lo remoto de esta penumbrosa dimensión.

No hay encierro más profundo que el ubicuo tormento que lentamente va lapidando el espíritu.

No hay prisión más infranqueable que la que es construida dentro de la mente.

No hay cárcel más infinita que aquella que no tiene paredes.